Oriental


Aoki Sanbo y el Fude Verde. La Montaña Nunca Olvida

El daitengu giró su cuello en un espasmo avícola y lo miró. Algo parecido a la duda cruzó sus ojos. El titubeo dio una breve ventaja a Aoki, que blandió la lanza en un arco hasta la criatura, alcanzándola en el vientre. El tengu dio un graznido y el yamabushi apresado cayó al suelo liberado de sus garras.



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