Oriental

Aoki Sanbo, el yamabushi. La Partida Mortal de Incienso. Cap.7 -Parte1-

Aunque a veces pudiera entrever el ímpetu de Ling Su tras la mirada de aquel hombre apergaminado, cada vez le costaba más recordar que Chen estaba ahí dentro. La posibilidad de que ella se quedara bajo la piel del anciano pescador para siempre cruzó por su cabeza, le encogió el estómago y le hizo pegar un respingo.
El viejo levantó la mirada hacia Aoki.
—¡Te estás quedando dormido, Sanbo!
Cómo había podido dudar de que Chen siguiera allí dentro.


Aoki Sanbo, el yamabushi. La Partida Mortal de Incienso

«—¡El libro! —gritó de nuevo Aoki.
El espíritu, ahora deforme y casi transparente, se le encaró a escasa distancia de su cara. Aoki permaneció quieto. No sabía qué podía hacerle aquella cosa, pero esperaba que el desconocido motivo por el que el Sojobo le había escogido para aquella misión sirviera para razonar con el espíritu. Todo eso, asumiendo que le quedara algo de lo que alguna vez le hizo persona.»


Aoki Sanbo y EL Fude Verde. La Partida Mortal de Incienso

«Las volutas de humo se elevaron y se extendieron hacia los lados como la garra abierta de un monstruo, cuyas uñas afiladas, serpentearan hacia el cielo.
Si aquello ya era extraño en el fino humo de una pastilla de incienso, lo que vino después, confirmó a la miko, que de nuevo, estaba siendo testigo de algo más que de las formas caprichosas de un remolino de viento»


Aoki Sanbo y El Fude Verde. Las Estrellas Como Almohada

Su amiga miraba el vapor de la tetera con los ojos muy abiertos. Se levantó de un saltó y corrió a observar el charco. Las gotas de agua caían rápidas. Qiang no entendía el Agua, pero sí la mirada que Oishi le lanzó. Temblando puso las manos sobre la mesa y lo que le dijo la Madera muerta le heló la sangre.
Estaban aquí.


Aoki Sanbo y EL Fude Verde. Las Estrellas Como Almohada

Qiang recitó las primeras palabras del Sutra del Loto. Los ojos comenzaron a perder su parecido a labios finos y se deslizaron por el torbellino como buscando su sitio en la tormenta. Rostros indefinidos y después cuerpos, se formaban a su alrededor. Qiang los miró sin dejar de rezar. Eran almas antiguas que se recomponían.


Aoki Sanbo y el Fude Verde. Las Estrellas Como Almohada

«He huido. Los dioses siguen estando de mi lado. Solo así se explica que haya podido volver a Nihon… y que lo haya visto. Por Gautama… mi mano aún tiembla al escribir estas líneas. He atisbado a ver una forma surgir de la no existencia, de la misma vacuidad absoluta… y ahora solo puedo pensar en los Trazos Esenciales.»



Relato: Mañana, a la hora del tigre

«—La villa reflejará el poder del clan Hōjō en todo su esplendor. Sus estanques y sus
jardines representarán el paraíso de la Tierra Pura, reino celestial, residencia de los
inmortales»


Aoki Sanbo y El Fude Verde. La Montaña Nunca Olvida

«Dejé de contar las marcas en los árboles cuando conté trescientos. Trescientos años. Cada gota de lluvia se lleva algo más de mí para siempre. La montaña intenta que olvide, pero yo sigo luchando por recordar quién soy de verdad. «


Aoki Sanbo y El Fude Verde. La Montaña Nunca Olvida

«Un escalofrío le recorrió la espalda hasta erizarle el vello de la nuca. Se giró para escudriñar la oscuridad detrás de sí, y la vio: una tez blanquecina la observaba junto al recodo de la veranda, en la esquina de la casa. Sus rasgos desaparecían por momentos, entre los mechones de cabello que reptaban en el aire delante de ella.»


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