Monstruos -Texere

¡Nueva sección en FFP!

Esta temporada quería probar algo diferente.

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a una idea que se comentó en el Celsius del año pasado en una charla sobre vampiros: «El vampiro ya está muy visto. No puede crearse nada nuevo porque ya se ha creado mucho acerca de este monstruo». Y tras esa declaración, varios de los ponentes argumentaban lo difícil que es causar inquietud, miedo y ya no digamos terror, con la literatura, después de todo lo que ha hecho y conseguido el audiovisual.

Primero, no me gustó la afirmación porque deja como obsoleto a mi monstruo favorito y, segundo, porque cada vez que dicen que algo no se puede: se me activa un resorte. Sí, ese que tenemos al lado del estomago de los postres, que dice: ¿Cómo que no se puede? ¡Y tanto que se puede!

Y así nace esta sección, de mi necesidad de encontrar y revisitar mis monstruos y mis miedos e intentar hacer algo original que despierte al lector algún sentimiento. Intentando evitar los tópicos. ¿Lo conseguiré? **chanchan chanchan**

Es de lo más difícil que he intentado, os lo aseguro.

En una de las clases de los cursos de nuestro profe Ricard Ruiz (profesor de cursos de la escuela de escritura del Ateneu) nos dijo que el que no consigue que sus textos den miedo, puede recurrir a lo sangriento y si no llega a eso tampoco, siempre le quedará el intentar dar asco.

Son como los tres escalones del pódium terror.

Os dejo con uno de mis intentos, Texere.

La sensación del paladar que describo en este relato lleva mucho tiempo en mi libreta de lista de ideas, esperando a ser desempolvada y explotada. Espero haber estado a la altura de la paciencia que ha tenido conmigo. Ya me diréis si he logrado despertaros algo al leerme.

Gracias por vuestro tiempo.

María C. Pérez

Texere

Te vas a dormir con esa sensación de paladar rasgado. Intentas no rozar más la herida con tu lengua, pero ese apéndice sigue ahí, cada vez más largo. Te obligas a cerrar los ojos y relajarte.

Abres los ojos, estás boca abajo. No reconoces el lugar, ni puedes moverte. Ves unas mangas blancas, resplandecientes, tan cerca de tu rostro que sabes que están trasteando dentro de tu boca; pero no sientes nada. Entonces las manos salen y ves como tiran de ese filamento de encía rosada; llena de momentos, llena de recuerdos. El ser se aleja y ves que el portador de la túnica brillante es una mujer, joven y vieja a la vez. Conociéndote, deberías estar sintiendo miedo; pero no sientes nada. Solo observas. La ves tirar y tirar de la hebra de tu pasado y te fijas en cómo ovilla.  La hebra se mueve por toda tu boca, no te molesta, aunque te parece que a ella sí. Se acerca de nuevo, coge uno de tus dientes y da un tirón tan fuerte que tus párpados bajan, rebotan y vuelven a abrirse. Ahora que el hilo no se mueve, gracias al improvisado riel, ovilla a mayor velocidad.  Mientras se aleja de nuevo, ves cómo llegan dos seres más. De rostros diferentes, pero túnicas idénticas. La primera deja de crear la bola de tu memoria; la segunda saca un huso; tercera, unas agujas de tejer. La primera tira una vez más, pero el hilo ha dejado de salir, vuelve a tirar. Ahora con la fuerza justa para que tu mandíbula se levante y caiga, esta vez sí, tus ojos se cierran y no se vuelven a abrir.

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