Chronica Spellbound – Capítulo 4

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No es fácil escribir en tiempos extraños. Debería ser al revés, ahora que lo pienso: los períodos más anómalos, tanto personales como globales como el que vivimos actualmente, deberían inspirarnos y darnos ideas para ponernos manos a la obra. Pero nos cuesta. Posiblemente porque nos invaden los pensamientos negativos, o tenemos la tristeza o la preocupación acechando como vampiros que esperan que nos despistemos y les invitemos a entrar.

Tanto por motivos personales como por motivos universales, por así decirlo, me ha costado ponerme a teclear este capítulo. Muchas cosas en la cabeza, como si de repente tuviera también una voz cronomántica que me susurrara cada posible acontecimiento del más mínimo suspiro. Pero ojo, que lo que me ha costado enormemente es «ponerme» a escribir. No sé si también os ocurre pero el peor momento no es la escritura o la creación artística en sí misma, sino los momentos previos, en donde todo es posible, tanto la victoria como el paralizante fracaso.

Una vez supero este escollo, una vez aposento el trasero en alguna superficie minimamente estable, una vez la yema de algún dedo besa tímidamente cualquier tecla del teclado, esa parálisis, ese miedo, esa duda, se mitiga y el primer pensamiento que llega es el de «oye, pues ni tan mal». La sesión de escritura no siempre es 100% agradable, pero al mismo tiempo tampoco es la pesadilla total y mortífera que estaba previendo que iba a ser.

Si te pasa algo similar, en cualquier ámbito de tu vida, quizás estés pensando en cuál puede ser el detonante que te haga pasar de la inacción a la acción. Hay muchas técnicas sencillas, y lo mejor que se puede hacer es probarlas hasta dar con aquellas que mejor te funcionen.

Mi técnica estrella es la metáfora de las dos habitaciones.

Fuente

Me imagino que estoy en un pasillo con dos puertas. La de la izquierda (siempre es la de la izquierda) tiene un letrero que representa mi pensamiento o emoción más ominosa. «Fracaso», «Desesperación», «Inutilidad», «Bloqueo total»… No abro la puerta, pero me imagino que las paredes del cuarto de su interior están atestadas de copias de ese mensaje. Si entro ahí, lo único que veré es ese mensaje desolador y terrible.

Mientras tanto, la otra habitación tiene un letrero más realista. No imposible, sino racional. Por ejemplo: «Puede que no escriba nada interesante en una sesión de una hora, pero no pasa nada, no ocurrirá nada malo». No intento auto-engañarme con frases típicas de El Secreto y otras supercherías, en plan «Soy el mejor escritor de este siglo y de los siguientes y escriba lo que escriba ahora será oro». Eso solo lleva a una peor desilusión o, más terrible todavía, a una irrealidad que solo lleva a callejones sin salida. Al igual que en el cuarto de la izquierda, esta habitación estará atestada de este mensaje más real, más comprensible… algo que seguramente le diría a una amistad que se encontrara en este problema.

Una vez imaginadas ambas habitaciones, decido: «Si tengo que pasar una hora en uno de estos cuartos, ¿con cuál me quedo?». Y siempre gana el de la derecha, claro. Es imposible que conscientemente decidamos el peor de los caminos posibles. Ojo, lo hacemos muchas veces, pero solo cuando precisamente no somos conscientes de ello.

Te invito a probar este ejercicio mental súper fácil la próxima vez que estés en una situación estresante a nivel emocional. Es un tipo de práctica de la llamada terapia cognitiva, la terapia que se centra en prestar atención a cómo pensamos nuestros pensamientos, o cómo sentimos nuestras emociones.

En este capítulo, Chronica se encuentra en esta clase de situaciones paralizantes. Y no es para menos: uno de sus pocos pilares en su vida se acaba de deshacer ante sus ojos. Ella también se encontrará en un pasillo metafórico, y tendrá que elegir una de las dos puertas posibles. ¿Con cuál se quedará? ¿Y cómo pasará de la inacción a la acción? En nada lo averiguarás. Y por si te lo preguntas después de leerlo, lo que ocurre en la trama está basada en otro ejercicio terapéutico: la copia/pega de emociones. No digo nada más que si no entramos en terreno de Spoilers.

¡Pasa un buen verano!

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